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EL Campeón de Port Chester

Por Fabio A. Marulanda V.

Mayoría de inmigrantes han llegado a este país en busca de mejorar las condiciones de vida. La inmigración hacia Norteamérica ha sido permanente, a través del tiempo. Es un fenómeno que ha alcanzado una dimensión universal. Las personas se mueven de lugar en busca de oportunidades y hay quienes han emigrado de sus países en busca de nuevas aventuras, otros por vivir la experiencia de conocer nuevas culturas. En la actualidad la migración se ha precipitado por la situación de vida en países con economías críticas. No obstante desde tiempos inmemorables el hombre se ha ganado ese Derecho Humano a escoger el lugar de residencia que más le convenga. Así como esta consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. El artículo 13 dice muy claramente: “Toda persona tiene derecho a circular libremente y a elegir su residencia en el territorio de un Estado”, y punto!

Es precisamente esa Libertad, entre otras, reconocida y ratificada por cientos de tratados internacionales, respaldan las decisiones de los seres humanos de escoger su lugar de residencia. Y esta es la historia de cientos de seres humanos actualmente.

Para muchos esta situación a sido presionada por condiciones adversas en los países, situaciones de pobreza extrema, situaciones de seguridad personal que no puede garantizar el Estado, catástrofes naturales etc.

También hay que tener en cuenta el espíritu aventurero de muchos inmigrantes, en algún momento de la vida en cada país cada cual ha soñado con viajar. Por lo menos con tener la experiencia de ausentarse del país para mirar otras realidades. Y esto se vienen haciendo independientemente de que “no haya nada nuevo bajo el sol”.

Nelson Bustos-Mercado más conocido como El Campeón, motivado por ese impulso de inmigrante, llegó a Port Chester en 1971. Las razones que tuvo para dejar su país las expresó claramente, “cuando yo vine para acá, yo trabajaba en el Ecuador en el aeropuerto Simón Bolívar de Guayaquil, pues de ahí me vine para acá. Me puse a trabajar, mi primer trabajo fue en el Hotel Hilton y siempre con la idea de que tenía que hacer algo para mí mismo” y a continuación indico, “luego trabaje de supervisor. Luego decidí poner mi negocio en el año 1982 en Port Chester, un restaurante en un local que llamé El Campeón. El nombre de Campeón es porque así me dicen desde tierna edad; porque fui boxeador en mis tiempos, futbolista; y si no salí profesional fu porque me vine para acá. No pude ejercer lo que sabía”.

Así con sus sabías reflexiones, El Campeón entre la atención a sus clientes en su restaurante móvil continua su relato, “el restaurante El Campeón se encontraba ubicado en la Irving Avenue y la Poningo. El dueño del local fue muy drástico al pedirme el local y decirme que me iba a aumentar más de la mitad de la renta para que me pudiera quedar allí, ahí entonces tuve que abrirme. A raíz del aumento en el local, Dios me iluminó y mi ángel de la guardia, y se me ocurrió sacar el camión. Gracias a que los inspectores me conocían, y que se dieron cuenta de esta situación, me cedieron el permiso, fue algo de mucha suerte porque a nadie le dan estos permisos, sería porque allí yo fui conocido y apreciado por toda la gente”.

Gracias a su astucia y a esa iluminación que Nelson Bustos-Mercado “El Campeón”, le atribuye a la providencia, logró hacer que su restaurante móvil prosperará. De todas maneras surgir no fue fácil, muchos esfuerzos y muchos días sin dormir es lo que le han permitido llegar al lugar en donde todos los fines de semana después de la seis de la tarde se le puede encontrar, en el parqueadero de la estación del metro de Port Chester sobre la Broad Street. Allí la caravana de clientes nunca termina, todos bien satisfechos con el servicio que “El Campeón” viene prestando por todos estos años. Así como el mismo lo comentó, “trabajo arduamente de lunes a lunes, y siempre ocupado... desde las seis de la mañana hasta las once de la noche y viernes y sábados de seis de la tarde a seis de la mañana”.

Sin embargo, “El Campeón” se siente satisfecho de lo que ha podido lograr y la mayor alegría es haber con su propio esfuerzo haber sacada adelante a su familia, “he luchado por mis hijos que me han apoyado en todo; son siete hijos que tengo” y más adelante dijo “aquí el que se ha parado es a base de sus esfuerzos, el que anda recto, es la bendición de Dios, sigue recto y si no ha habido más se mira a ver como se puede hacer. En Port Chester hemos pasado buenos días y tiempos difíciles, cuando llegue trabajaba dos “full time” y un “part time”; andaba dormido por la calle”. A pesar de que todo este esfuerzo podría ser considerado exagerado por otras personas, y motivo de reflexión para revaluar hasta que punto es equitativo la distribución de los recursos entre los miembros de la Comunidad Hispana, “El Campeón” dijo: “He estado siempre concentrado en mi trabajo, perennemente en la causa de criar a mis hijos. Tengo siete hijos ya prácticamente todos levantados y con solo decirle que cuando estaban niños en el hospital me colaboraban con el chequeo médico de ellos y destinaban todo un día solo para atender a mi familia”.

Al referirse a las buenas relaciones que ha establecido con todos sus clientes, muchos de ellos amigos ya de vieja data, señalo: “conozco muchas personas peruanas de mucho tiempo atrás muy buena gente; muchos colombianos también lo mismo; la gente cubana muy buena; los boricuas, ellos nos han ayudado; al comienzo éramos pocos y nos ayudábamos, donde está la fuerza está la Unidad, tal vez porque éramos pocos”, y concluyó “ahora estamos muchos pero todos desiguales”. Esas expresiones El Campeón las suelta sin necesidad de prepararlas porque son sus frases célebres que ha tejido en su experiencia de residente de Port Chester; así a manera de invitación a la Unidad de toda la Comunidad Hispana para el bien de todos dijo, “no hay una igualdad que se pueda decir que estamos amparados por alguien y mientras no haga uno su propio esfuerzo para conseguir esa anhelada igualdad, nada se va a conseguir”.

El restaurante móvil “EL Campeón” sobresale por su comida típica Latina. Y la verdad es que los gestos de las personas que saborean sus platos se quedan cortas las palabras para expresar la buena sazón y el buen gusto de todo lo que allí a diario se sirve. A manera de entrada a lo que los clientes pueden encontrar en su restaurante dijo, “puse mi comida típica ecuatoriana, después fui poniendo más. Siempre con mi comida típica que a toda la gente le gusta, tanto a chinos como a hindúes, norteamericanos, italianos, lo más claro que se puede decir es que aquí comen los europeos, asiáticos, todos los que llegan aquí, porque aquí encuentran la fuente de la juventud, aquí el que se come un plato se rejuvenece”.

Es un tema presente en el discurso de los inmigrantes el relacionado con la discriminación racial. Esto al parecer a “El Campeón” ni le va ni le vienes pues al tocarle este tema y de la manera en que él a través de su oficio de cocinero mayor con clientela internacional, dijo, “hay mucha discriminación, pero la gente no le hace caso, porque ya está enseñada a las cosas, hay que hacer leña del árbol caído”, y en parte esto se debe a que “EL Campeón” piensa que los cambios en el trato entre los miembros de la Comunidad Hispana se pueden ir mejorando, así como él lo enfatizó: “a pesar del recuerdo que tengo del pasado, la verdad es que ahora no es lo mismo que el tiempo de antes, menos gente y más amor, así debería ser más gente y por supuesto mucho más amor; pero ahora somos demasiados, somos más y ese amor tiene que ser reciproco. Nos sentimos contentos que hemos progresado nosotros mismos, que somos Hispanos, habemos más conocidos, más gente de más carácter, buen gusto, que nos apreciamos más”.

Sin dejarlo mover que se moviera y muy rápidamente le pregunté si algún día había llegado a concebir la posibilidad de regresar a su tierra natal, y su respuesta fue también rápida y sorprendente: “Te puedo decir que yo no lo he pensado todavía, algún día quizá, estar aquí en Estado Unidos, es como en el Triángulo de las Bermudas, el que entra no puede salir, y ya son tantos años que ya no sé ni para donde coger...” y concluyó: “Nunca he cambiado de pueblo ni de lugar, se lo debo todo a Port Chester, todo. Aunque en amor un poco flojo. Pero de resto no me quejo porque todo los demás viene por añadidura. Todo lo que me gano aquí, aquí se queda”.

 

 

 

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